Mucha gente sigue pensando que una buena madre es aquella que renuncia a su desarrollo profesional para quedarse en casa con sus hijos. Aún cuando esta es una alternativa válida, no es la única. Hasta aquí no hay evidencia científica que pruebe que los niños son amenazados o dañados cuando sus madres trabajan.
En la práctica influyen más en el desarrollo del niño otros factores como el ambiente familiar y la calidad del cuidado de los niños que el que la mamá trabaje fuera de casa o no. Un niño que está bien desarrollado, que es bien querido y que es bien cuidado crecerá feliz sin importar que la madre trabaje.
Una madre que maneja exitosamente el trabajo fuera de la casa y su rol de madre, es un excelente modelo y ejemplo para sus hijos. Es así como los hijos de madres que trabajan desarrollan virtudes como la independencia, la responsabilidad y la orientación a las metas. Además en las familias de madres que trabajan cada hijo juega un rol más activo en la armonía familiar, lo que implica que entre hermanos se ayuden y se cuiden.
A pesar de los beneficios el trabajo fuera de casa tiene sus costos. Los padres se pueden ver agobiados por el tiempo que pasan fuera de casa o por el poco tiempo que les queda para ellos mismo entre la casa y el trabajo. Es por ello que en estas situaciones es fundamental el apoyo entre ambos padres para identificar las necesidades de los hijos, alternarse en las tareas de la casa y seguir cultivando un ambiente familiar agradable.
Fuente: Libro Caring for Baby and Young Child, American Academy of Pediatrics.